The Boys: poder y corrupción

 

MFC Editorial

 


 

Desde los inicios de la narrativa como forma artística, los héroes han sido figuras cuyo interés primordial es el de velar por la justicia y el bienestar de la sociedad. Personajes como Hércules o Beowulf son figuras clásicas que se traducen en la narrativa contemporánea como superhéroes, individuos con poderes especiales con los que conquistan grandes hazañas, sirviendo al bien común y ganándose el cariño y el respeto de la gente.

 

En un intento por hacer que los superhéroes pongan los pies en el suelo, Amazon Prime Video trae The Boys (2019), basada en el cómic del mismo nombre creado por Garth Ennis. La serie nos presenta una sociedad donde los superhéroes son tratados como celebridades y se dedican a luchar por la justicia en diferentes ciudades de Estados Unidos.

 

Starlight (Erin Moriarty), Queen Maeve (Dominique McElligott), A-Train (Jessie T. Usher), The Deep (Chace Crawford), Black Noir (Nathan Mitchell), Translucent (Alex Hassell) y Homelander (Antony Starr) conforman el grupo de héroes conocido como The Seven, respaldado por una importante corporación llamada Vought. Motivados por las injusticias cometidas por esos héroes y la corrupción oculta detrás de su fachada de benefactores, surge The Boys, un grupo de individuos cuya meta es la destrucción de los superhéroes.

 

The Boys está formado por Mother’s Milk (Laz Alonso), Frenchie (Tomer Kapon) y Hughie (Jack Quaid) bajo el liderazgo de Billy Butcher, interpretado memorablemente por el actor Karl Urban. La serie ofrece una historia de misterio y de acción, mediante la cual se estudian en profundidad temas de actualidad casi inexistentes en el cine de superhéroes y en MFC Editorial nos tomamos un momento para reflexionar sobre ellos.

 

 

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Sátira

 

 

Actualmente, el género cinematográfico de los superhéroes ha alcanzado un éxito tan grande que se ha vuelto uno de los nichos más importantes del mercado. Las historias más populares del género suelen tratar a los justicieros enmascarados como figuras moralmente incorruptibles, siendo siempre los buenos de las historias y haciéndonos olvidar que son, además de superhéroes, personas con sentimientos, ambiciones e intereses personales.

 

Franquicias como el Universo Cinematográfico de Marvel (UCM) han ayudado a establecer los patrones narrativos y lugares comunes del cine de superhéroes, identificándolo como un género en sí mismo y creando una predisposición general en la audiencia hacia próximas películas.

 

Una vez sentadas sus bases, es natural que la sátira existente en las historietas cobre una presencia cada vez mayor en los nuevos medios invadidos por los superhéroes. Así surgieron películas como Watchmen (Zack Snyder, 2009) y Logan (James Mangold, 2017), donde los héroes se enfrentan a una realidad que no resulta ser tan colorida, y otras propuestas más recientes que se dedican a tratarlas con humor, como Deadpool (Tim Miller, 2016).

 

The Boys resulta ser una extraña mezcla de ambas propuestas. Su humor irónico y oscuro es la forma que tiene de enfrentarse a un mundo donde los superhéroes existen y pueden hacer lo que les plazca. De manera brillante, los miembros de The Seven representan una parodia de la Liga de la Justicia, grupo donde se expresa la forma original de heroísmo que ha definido a gran parte de los personajes del género posteriores a Superman, para explorar temas y situaciones en las cuales estos personajes difícilmente llegarían a encontrarse en películas dirigidas a un público más amplio.

 

 

Súper Influencers

 

 

Parte de la popularidad del UCM se debe a la cuidadosa selección de su elenco, donde el rostro y carisma de los actores juegan un papel fundamental en la identificación y empatía que la audiencia genera con los personajes.

 

Esto se hace evidente en la elección de Marvel Studios por hacer de Robert Downey Jr. el primer Tony Stark del cine para Iron Man (Jon Favreau, 2008). La personalidad del actor es muy similar a la del personaje que interpreta, creando un puente entre la fantasía y la realidad durante más de 10 años. Así, en la mismísima inauguración del UCM se anunció que Tony Stark era Iron Man y se dejó de lado la identidad secreta del superhéroe como rasgo fundamental del género.

 

En un mundo donde los superhéroes se han vuelto el producto más importante del mercado, no es descabellado asumir la importancia que tendrían dichos héroes en una sociedad que tiene mucho por agradecerles. The Boys lleva hasta el extremo la influencia que los superhéroes tendrían como individuos en una sociedad enteramente basada en su existencia, convirtiéndolos en celebridades e influenciadores.

 

A través del personaje de Madelyn Stillwell (Elisabeth Shue), apreciamos cómo la corporación Vought ha convertido el heroísmo en un negocio. La empresa es la dueña del equipo de héroes conocido como The Seven, cuya figura central, Homelander, es la personificación del sentimiento americano y de la excelencia moral del superhéroe.

 

Más que por hacer el bien, los héroes en The Boys son aclamados por ser celebridades, con enormes equipos de marketing y publicidad preparando todo lo que van a decir, dónde se presentarán y qué ideas respaldarán, convirtiéndolos en marcas expuestas al constante escarnio público.

 

Es así como la serie explora la influencia del héroe en la sociedad, haciendo énfasis en los gajes de la vida pública de celebridades y la comercialización de individuos como figuras que en muchas ocasiones son utilizados para promover terribles agendas ideológicas, llegando incluso a convertirse en objetos de adoración y fanatismo que rozan con lo religioso.

 

 

Poder y corrupción

 

 

Haciendo uso de la exaltación del superhéroe como figura mesiánica, The Boys explora los cambios éticos y morales que ocurren en los miembros de The Seven frente a un mundo que los idolatra.

 

Estos temas han sido explorados superficialmente en películas como El hombre de acero (Zack Snyder, 2013) y Batman vs Superman: El origen de la justicia (Zack Snyder, 2016).  Sin embargo, las películas de DC no se atrevieron a cuestionar la integridad moral de Superman de la manera en la que The Boys lo hace con sus personajes.

 

La serie se enfoca en evaluar las relaciones de poder entre superhéroes y personas comunes, como se establece desde el primer episodio. La gran actuación de Antony Starr como Homelander hace del miedo un recurso narrativo fundamental para la trama, dejando en claro que a él no se lo juzga bajo los mismos estándares que a cualquiera. El pánico que siembra en la sociedad por tener el poder de acabar con el mundo en un abrir y cerrar de ojos le otorga a este personaje una libertad que roza los límites del despotismo.

 

La represalia contra este abuso de poder, canalizado por eventos que les han afectado personalmente, es el combustible que impulsa a los miembros de The Boys, quienes, en su búsqueda por acabar con los superhéroes, son capaces de manipular, chantajear y cometer crímenes que, de alguna manera, los ponen al mismo nivel del mal que desean destruir.

 

Más que una historia de superhéroes, The Boys utiliza las características del género para hablar sobre las personas y su susceptibilidad a la corrupción. La producción de la segunda temporada ya ha sido confirmada por Amazon, dejando en claro que los peores superhéroes del mundo han llegado para quedarse.

 

Sin duda alguna, la popularidad de las películas de Marvel ha permitido que cada vez más historias alternativas trasciendan las historietas y se vean realizadas tanto en el cine como en la televisión, permitiendo que joyas como The Boys sean conocidas y disfrutadas por audiencias cada vez más grandes.